"Nadie pensó que iba a ser tan rápido", recuerda líder húngaro que abrió la Cortina de Hierro

"Nadie pensó que iba a ser tan rápido", recuerda líder húngaro que abrió la Cortina de Hierro

"Nadie pensó que iba a ser tan rápido". El ex primer ministro reformista húngaro Miklos Németh revela la trastienda del desmantelamiento de la Cortina de Hierro que inició en 1989, precipitando la caída del Muro del Berlín y el final del bloque comunista.

Esta decisión se tomó en estrecha colaboración con el líder soviético Mijaíl Gorbachov y el canciller alemán Helmut Kohl, cuyos ojos se llenaron de "lágrimas" cuando le comentó su idea de dejar salir libremente a los alemanes del Este, subraya Németh, de 71 años, en una entrevista exclusiva con AFP en su casa, cerca del lago Balaton, donde hoy en día cultiva frutos.

P: ¿Qué lo empujó a desmantelar la Cortina de Hierro ("telón de acero" en España) a partir de la primavera de 1989?

R: "La alambrada, de fabricación soviética, era vieja y obsoleta. Los responsables del cuerpo de guardias fronterizos nos pidieron decidir al más alto nivel sobre su suerte, proponiéndonos tres opciones: modernizar, reconstruir completamente con una tecnología importada en parte de Occidente, o desmantelar repensando de manera total la vigilancia de las fronteras, solución que era de su preferencia. Una demolición-reconstrucción habría costado una fortuna y no teníamos dinero para eso. A partir de noviembre de 1988, había retirado del presupuesto la renovación de la alambrada, porque también yo creía en la tercera opción.

Era también una cuestión de principios. Esa alambrada era un anacronismo. Budapest y Viena presentaban una candidatura conjunta para la Exposición Universal de 1992. ¿Qué mensaje habríamos enviado al mundo? Me pregunté qué efecto hubiese tenido en los turistas japoneses o surcoreanos que iban a cruzar la frontera para ir de Viena a Budapest con sus cámaras de fotos.

Nos interesaba además, a nosotros los países reformistas -Hungría y Polonia-, debilitar los regímenes comunistas ortodoxos. Había entonces también una muy buena razón ideológica."

P: ¿Qué fue lo que pasó entonces?

R: "A partir de fines de enero, principios de febrero, informé al canciller austríaco Franz Vranitzky de que la alambrada sería destruida. En marzo, fui a ver a Gorbachov con varios asuntos importantes, entre ellos la presencia de unos 100.000 soldados soviéticos en Hungría y de misiles apuntando contra Francia e Italia. Me referí además a la decisión del Comité Central de organizar elecciones pluralistas. Y entre otras cosas, le dije que íbamos a derribar la alambrada y que no habría más vallado en la frontera austro-húngara."

P: ¿Cómo reaccionó Gorbachov?

R: "Me dijo 'eso no me plantea problemas en tanto y en cuanto la frontera esté custodiada. Es responsabilidad de ustedes'. Esa fue la frase clave. Le pregunté también: '¿Cómo reaccionarías, Mijaíl, si las elecciones llevan al poder a un gobierno que no les será para nada favorable? Porque después de 40 años de partido único vamos a ser eyectados. ¿Qué vas a hacer con esos 100.000 soldados y esos misiles nucleares?'. Mijaíl dio un golpe entonces sobre su sillón y dijo: 'Mientras me veas en este sillón, (la represión del Ejército Rojo al Levantamiento de Budapest en) 1956 no volverá a ocurrir'. Claramente era el final de la doctrina Brézhnev.

Me pidió simplemente que no dijera una palabra, incluso al Comité Político. Cortamos ahí. Sin embargo, le dije que necesitaba un gesto de su parte, una retirada importante de tropas. Lo hizo el 25 de abril, llamando a 10.000 soldados. Este hombre me pidió que confíe en él y la confianza llama a la confianza."

P: ¿No temió un giro de 180 grados?

R: "Observé a este hombre durante todo el año 1989. Me preguntaba si iba a lograrlo o no, si iba a ser reemplazado o no por alguien de una línea dura. En el avión de regreso, uno de mis colaboradores hizo ver que si yo hubiese formulado las mismas palabras 5 o 10 años antes nuestro vuelo habría tenido como destino Siberia. Le respondí que efectivamente era una nueva época y que había que aprovechar esta situación."

P: ¿Cómo actuó luego?

R: "A principios de abril los guardias fronterizos comenzaron a desmantelar la Cortina de Hierro del lado de Rajka. Habíamos elegido Rajka porque los austríacos, pero también los checoslovacos, que tenían una línea dura, podían vernos. Y porque era allí donde había más tropas soviéticas y agentes de la KGB."

P: ¿Era una prueba?

R: "Sí. A partir de mediados de abril, se habían desmantelado entre 3 y 4 kilómetros. Y Gorbachov cumplió con su palabra: el teléfono rojo no sonó, el embajador soviético no irrumpió. Entonces continuamos."

P: ¿El desmantelamiento no empezó entonces el 2 de mayo, fecha en la que fue anunciado?

R: "Para esa fecha dos tercios de la alambrada habían sido destruidos. El 2 de mayo se hizo pública la decisión y dio la vuelta al mundo, por ejemplo en la televisión de Alemania Occidental. Y aún no había reacción (de Moscú)."

P: ¿Cómo reaccionaron los otros países comunistas?

R: "(El dirigente de Alemania Oriental, Erich) Honecker vio de inmediato que pasaba algo y su ministro de Relaciones Exteriores, al igual que el viceministro, multiplicaron los viajes a Moscú para exigir una intervención de los camaradas soviéticos. Pero yo sabía que Gorbachov no intervendría. También recibí protestas del búlgaro Jivkov, del checoslovaco Jakes y del 'Genio de los Cárpatos' rumano Ceausescu. Durante una reunión del Pacto de Varsovia a finales de julio, pidieron una sesión extraordinaria sin los húngaros ni los polacos para hablar de nuestros casos, para ver cómo 'ayudarnos' porque el proletariado internacional y el marxismo-leninismo estaban en ruinas en nuestros países.

Estaba sentado frente a Gorbachov y jamas olvidaré cómo me guiñó el ojo, algo que además captaron las cámaras. En su discurso no hizo mención alguna a las protestas, como si no hubiesen existido."

P: ¿Y luego?

R: "Las cosas se aceleraron. Cuando (el ministro de Relaciones Exteriores austriaco Alois) Mock propuso una ceremonia simbólica de corte de la alambrada con (su homólogo húngaro) Gyula Horn en la frontera a fines de junio, le dije que era una buena idea. Había solo un pequeño problema: ya no existía más alambrada. ¡Tuvimos que reconstruir la Cortina de Hierro! No la verdadera, claro, sólo 200, 300 metros de reja metálica."

P: ¿Y fue en ese momento que los alemanes del Este comenzaron a ir en masa?

R: "A principios de agosto eran 10.000, 20.000. Luego 40-45.000. Luego más todavía. Acampaban por todos lados. Todo el mundo había decidido no volver (a Alemania Oriental). Y sabían que no los expulsaríamos."

P: ¿Cómo manejaron esa afluencia?

AFP / Mápa del Telón de Acero, que dividió Europa durante la Guerra Fría entre 1952 y 1989

R: "Nos era imposible satisfacer las necesidades de 60-70.000 alemanes del Este. Nuestra economía estaba demasiado mal. Yo sabía que había que tomar una decisión crucial. Llamé a Kohl a principios de agosto. Nos reunimos finalmente el 25 de agosto en el castillo de Gymnich cerca de Bonn. La decisión estaba casi tomada de nuestro lado. Le dije que si él estaba dispuesto a recibir a tanta gente, abriríamos las fronteras."

P: ¿Cómo reaccionó Kohl?

R: "Cuando le dije eso al canciller, asomaron lágrimas en los ojos de este gran hombre. Prácticamente comenzó a llorar, luego se recompuso. Me preguntó si Gorbachov aprobaba esta decisión. Le mencioné tres o cuatro ejemplos que demostraban que no tenía necesidad de pedir permiso a Gorbachov. Era el final del mundo tal como lo conocíamos con la doctrina Brézhnev. (El presidente estadounidense) George Bush padre, (la británica Margaret) Thatcher, el presidente francés (François Mitterrand), los japoneses, todo el mundo quería saber lo que pasaba y qué pensaba Gorbachov."

P: ¿Existía una cierta preocupación?

R: "Todo el mundo estaba aterrado y confieso que yo también tenía miedo de una posible giro de 180 grados de Moscú. Pero le dije a Kohl: 'incluso si aún hay muchas tropas soviéticas en nuestro país, confíe en nuestro análisis, no intervendrán'. Era claro que nos acercábamos a un momento histórico y que el mundo estaba a punto de dar un vuelco dramático. A pesar de que habíamos acordado guardar el secreto, Kohl llamó a Gorbachov el día siguiente. Gorbachov le dijo que los húngaros eran gente de bien y que podía confiar en el primer ministro Miklos Németh. A partir de ese momento pudieron comenzar los preparativos, también con los austriacos. Estaba la cuestión de la filtración de cientos de agentes de la Stasi susceptibles de colarse cuando abriésemos la frontera."

P: ¿Y el "pícnic paneuropeo" del 19 de agosto, cuyos 30 años se celebrarán el lunes?

R: "Es la fecha de celebración privilegiada por la derecha, que pretende que este acontecimiento 'forzó al gobierno a abrir la frontera'. Pero la decisión se había tomado a principios de agosto. Había de todos modos que dar tiempo a los alemanes y a los austríacos para organizarse para administrar semejante cantidad de personas. La verdadera fecha de apertura de la frontera, el 10-11 de septiembre, nunca ha sido celebrada en Hungría."

P: ¿Era usted consciente del impacto de esta decisión?

R: "Cualquiera que diga que lo conocía es un mentiroso. No puedo creer que hubiera alguien que previera que dos o tres meses más tarde caería el Muro de Berlín. Es imposible. Nadie pensó que iba a ser tan rápido. Un años después Alemania estaba unificada. Para eso fue necesario que se alinearan los planetas, fue necesario Bush padre, Gorbachov, y la capacidad de Kohl de maniobrar entre las dos grandes potencias."

P: ¿Y Hungría?

R: "Nosotros, los húngaros, tuvimos el papel que había previsto el destino. La decisión de abrir la frontera no es el acto de una sola persona. Fueron la nación y el pueblo húngaros los que lo hicieron."

P: ¿Y si hubiese que volver a hacerlo?

R: "Haría lo mismo. Estoy orgulloso de que el destino me haya permitido estar en ese lugar en aquella época."

P: ¿Sigue en contacto con Gorbachov?

R: "Sí, por supuesto. Nos mantuvimos en contacto y ese contacto sigue siendo fuerte hoy en día."

P: ¿Cuál fue su sentimiento cuando el actual primer ministro nacional-conservador Viktor Orban reconstruyó en 2015 una alambrada en Hungría con los migrantes?

R: "No creo en las muros. Por supuesto, pueden ser prácticos a corto plazo. Pero salvo la muralla china, todos los otros muros, incluyendo el que (el presidente estadounidense Donald) Trump está construyendo, caerán en el olvido de la Historia. Porque en el mundo de hoy en día los problemas no pueden resolverse con muros".