“La estrategia de apertura de Argentina debe ser muy cuidadosa”

Desde Londres, esta doctora en Economía señala que más allá de la coyuntura y retórica proteccionistas en el mundo, el país necesita de los mercados internacionales para crecer.

“La estrategia de apertura de Argentina debe ser muy cuidadosa”

Verónica Rappoport es una profesora argentina en London School of Economics, uno de los colleges más prestigiosos de la Universidad de Londres. Allí dicta clases sobre finanzas y comercio internacional. Su CV dice que antes de esto logró graduarse como economista en la UBA y doctorarse en el Massachusetts Institute of Technology (EE.UU.).

Sugerencia de la casa: seguirla en Twitter (@verito_rap “flaca y esbelta”) donde hace lo que no abunda en economía: escribe fácil (y corto) lo difícil.

El Económico contactó a Rappoport vía mail. Abajo, el cuestionario y sus respuestas.

–¿Cómo debería ser la estrategia de Argentina para abrir su economía al comercio internacional?

–Argentina es un país chico. Y no tiene el tamaño suficiente para que allí aparezca la variedad infinita de insumos e ideas que abastezcan un sistema productivo moderno a precios y calidades competitivos. Y tampoco el país tiene una escala suficiente para que las empresas locales crezcan. ¿Entonces qué queda? Argentina necesita de mercados internacionales para desarrollarse, tener más empresas y más empleo de calidad. Además, necesita del resto del mundo para inyectar competencia a muchos mercados que, de otra forma, son oligopólicos o monopólicos.

–Las llegadas de Trump y el Brexit, ¿generan necesidad de tomar nuevos recaudos o recalcular una estrategia de apertura al mundo?

–No creo que Brexit o Trump tengan relación directa con la estrategia de apertura argentina. La llegada de Trump puede cambiar el panorama mundial a través de precios internacionales, sobre todo la tasa de interés, pero la Argentina está lejos de las cadenas de valor norteamericanas de las que participan China y México y que están en el centro de la retórica proteccionista de Trump. Brexit es aún mas indirecto. La salida del Reino Unido de la Unión Europea no tendrá ningún efecto para la Argentina. Pero lo que sí hay que tomar de esos casos, aun cuando la problemática de los países abiertos y ricos es distinta a la nuestra, es la importancia de poner en primer plano las consecuencias sociales y regionales de los procesos de transformación productiva, como la que implicaría una apertura comercial abrupta.

–La integración al mundo o la globalización ¿significa "perder" puestos de trabajo como sucedió en los 90?

–La estrategia de apertura debe ser cuidadosa. Los movimientos pendulares en la política económica argentina fueron nefastos, creo yo. La apertura de los 90 fue muy dramática. Algunos sectores en manufactura y agricultura mejoraron muchísimo su productividad. Pero mucha gente fue desplazada hacia empleos y subempleos de sectores de servicios menos productivos. Paradójicamente, este proceso no terminó en una transformación productiva sostenible. Luego Argentina se volvió a mover pendularmente hacia la protección de muchos sectores que no tienen ni van a tener capacidad de competir y, haciendo esto, también privó de insumos y mercados a empresas que posiblemente hubiesen tenido más posibilidades. Creo que el proceso de apertura debe hacerse con pasos pesados y lentos, con mucha previsibilidad y tiempo de reacción. Empezar por bienes que sean un claro cuello de botella para el sector productivo local y donde las diferencias con el precio internacional son más altas. Y con políticas sociales e industriales que tengan muy en cuenta el impacto regional y socioeconómico del proceso de apertura.

–¿Qué sectores de la población y la economía tienen para perder?

–Quiero enfatizar la importancia de pensar en regiones y grupos socioeconómicos y no solo en sectores de producción. Por ejemplo, casi el 60% del empleo en Argentina es en servicios. Pero es un error pensar que no serán afectados por la apertura comercial. Los servicios de cercanía también caen cuando la liberalización comercial afecta la producción de transables en una zona geográfica. Pasó en zonas del conurbano durante los 90. Y esto mismo se aplica a grupos socioeconómicos. La reconversión laboral que exige este tipo de transformación productiva está condicionada a la educación, experiencia laboral y localización del trabajador. Y el impacto de la apertura puede caer desproporcionadamente sobre las fuentes de trabajo de un determinado grupo social. En cambio, hay otros grupos sociales que se mueven más fácilmente entre sectores productivos.

–¿Cómo ve al Gobierno encarando el tema?

–Me da esperanza que la gente en la Secretaria de Transformación Productiva del Ministerio de Producción tiene esto muy claro. Ellos están pensando la apertura basados en un mapa geográfico de vulnerabilidad a la liberalización. Y tienen en cuenta la transición laboral entre sectores productivos por grupo socioeconómico. Ojala tengan éxito en implementarlo.

– Argentina tiene pocas multinacionales de peso; ¿esto condiciona a la hora de abrirse al mundo?

–Argentina puede tener sectores pujantes y empresas que crezcan y logren ser competitivas internacionalmente. En agronegocios el país ya participa de grandes cadenas de valor internacional y es muy competitivo. Y también lo es en servicios de alto crecimiento internacional, como el de contenidos audiovisuales y software.

–Hay un debate doméstico sobre la apertura y el nivel del tipo de cambio actual: hay quienes sostienen que abrir la economía con un tipo de cambio retrasado como el actual (dixit) provocaría una entrada significativa de importaciones. ¿Qué piensa?

–Apertura es un proceso gradual y las tarifas son específicas a productos claramente definidos, no son una herramienta de política macroeconómica. No entiendo a la apertura comercial como una política coyuntural ligada a situaciones macroeconómicas de corto plazo. Se trata de sentar bases previsibles para que las empresas crezcan y para desarrollar un sector productivo más dinámico. Y coincido en que la apertura comercial es necesaria pero no suficiente. Pero cuando digo que no es suficiente no pienso en una situación coyuntural. Argentina, según el relevamiento Doing Business del Banco Mundial, está debajo de Honduras y El Salvador en facilidad para iniciar un emprendimiento productivo. Las empresas tiene muy bajo acceso al crédito. Estos, creo yo, son los factores mas fundamentales.

Y, sí, el tipo de cambio es claramente una variable crucial para empresas exportadoras o aquellas que compiten con importaciones. Pero no quiero confundir políticas para lidiar con fluctuaciones coyunturales que pueden y deben usarse, por supuesto, con estrategias de desarrollo a mediano plazo como la que estamos discutiendo.

–En Argentina la discusión en economía está tomada por el corto plazo, ¿cómo puede cautivarse la atención para hablar de estrategias o planes a mediano plazo cuando el Gobierno se concentra en urgencias?

–En todos los países lo urgente tiene primera plana. Quizás lo que caracteriza a la Argentina es que nos la pasamos de urgencia en urgencia. Pero hay mucha gente que piensa a mediano plazo. Es el primer paso.