La difusión de la carta a Rusia dejó preocupado al Gobierno, que buscó hacer control de daños

En la Casa Rosada apuntaron a la oposición; hubo otros mensajes similares previamente; ayer la Casa Rosada se comunicó con Moscú para hacer control de daños

Maia Jastreblansky

La difusión de la carta a Rusia dejó preocupado al Gobierno, que buscó hacer control de daños

La divulgación de la carta que Cecilia Nicolini dirigió al Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF, por sus siglas en inglés), que evidenció duros disgustos y reproches a Moscú por los incumplimientos en la entrega del segundo componente de la Sputnik V, pegó en el corazón del mensaje oficial sobre el plan de vacunación, donde hay hitos pero no problemas.

La misiva que publicó LA NACION revela el “lado B”, confidencial, de la negociación de las vacunas que viene encarando el Gobierno. Es que, según pudo saber este medio, no fue la única comunicación ríspida que la Casa Rosada mantuvo con los proveedores de la Argentina por demoras en las entregas de dosis.

Días antes de la carta dirigida vía mail a Anatoly Braverman, había existido una videoconferencia con Kirill Dmitriev, el CEO del RDIF, en duros términos por la falta del componente 2. Y antes de eso habían existido otras comunicaciones por las demoras en la entrega del componente 1. Lo mismo ocurrió con AstraZeneca: en abril el Gobierno exigió con tono ríspido un cronograma de entregas que no llegaba. Y el viaje que Nicolini y Carla Vizzotti encararon la semana pasada a Londres fue, en parte, para reclamar cara a cara el cumplimiento del contrato, que contempla 22,4 millones de dosis pero se recibió menos de la mitad. Con China, en tanto, hubo escenas de tensión meses atrás, cuando Xi Jinping decidió cerrar por varios días la exportación de vacunas para priorizar la inoculación doméstica y atrasó las entregas a la Argentina.

La ministra de Salud, Carla Vizzotti
La ministra de Salud, Carla Vizzotti Télam

“Con AstraZeneca y Sinopharm también hubo este tono de charlas. Hay siempre tirantez y reclamos con los proveedores. Todos los países tienen incumplimientos y pasan por lo mismo”, dijo a LA NACION un colaborador muy al tanto de la negociación del Gobierno por las vacunas.

En la Casa Rosada ayer se palpaba mucho malestar por el estado público que tomó la carta al RDIF. Había dos preocupaciones centrales: los eventuales ruidos que pueden generar la filtración de ese mail confidencial en la relación con Rusia y el efecto de “angustia” en la población, un concepto que en los corrillos oficiales repiten seguido para apuntar a la oposición y a los medios de comunicación.

Respecto de lo primero, en Balcarce 50 rastrearon rápidamente el origen de la divulgación. “La filtración parte del Congreso y es gravísima porque es confidencial y pone en riesgo la negociación. Sabemos que no fue fuego amigo: fue la oposición que tuvo acceso al expediente en las comisiones de Salud”, lanzó un estrecho colaborador presidencial. El Gobierno, de hecho, se comunicó hoy con Moscú para hacer un control de daños. En principio, la sangre no llegó al río.

Sobre el impacto político en el plan de vacunación, el Gobierno terminó por reconocer la existencia de los reclamos a los proveedores por los incumplimientos. Vizzotti lo expuso ayer en declaraciones radiales. “Es algo muy habitual estas negociaciones, pedidos, o presiones, entre comillas. Si no lo hacemos nosotros, lo hacen otros. Es una pelea grande para conseguir vacunas”, dijo en El Destape Radio.

Fernández y Nicolini
Fernández y Nicolini

Hasta ahora el Gobierno no había reconocido abiertamente los problemas, si bien portavoces como Nicolini y Vizzotti aludieron a las dificultades técnicas de escalar la producción del segundo componente de la Sputnik V. Ante los reproches de la oposición por los déficits, se respondió remarcando hitos. A principios de julio, cuando el problema con la segunda dosis se hizo patente, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero respondió que “quien tiene la primera dosis de Sputnik V tiene la misma cobertura que el esquema completo de Johnson & Johnson, que es una sola vacuna”.

“La oposición siempre nos corre el arco. El Gobierno negocia con firmeza con todos los proveedores pero hacia afuera no se puede angustiar a la gente, porque la primera dosis genera alta protección. No negamos los problemas, pero debemos decir que estamos trabajando para resolverlos”, replicó un importante portavoz de la Casa Rosada.

Los escollos con la provisión de vacunas también afectan al Gobierno en la campaña electoral, donde las vacunas tendrán un rol estelar. Tal como publicó LA NACION, Fernández pretendía anunciar la primera validación de los lotes producidos por Richmond el Día de la Independencia. En rigor, la Casa Rosada había pensado ese día resaltar la “soberanía científica” de la Argentina y para eso el Presidente quería hablar de la “AstraZeneca nacional” y de la “Sputnik V nacional”. Pero no se llegó a tiempo. Un día antes, Máximo Kirchner había reclamado en el Congreso “no ceder a los caprichos de los laboratorios extranjeros” en alusión a Pfizer. Ahora se trabaja en “hitos” para agosto y septiembre, los meses de proselitismo.

Respecto al conflicto por las segundas dosis, en la Casa Rosada aseguran que hoy hay “más de un millón de personas con Sputnik V 1 y con el plazo de 84 días vencido”. Es un número que crece conforme pasa el tiempo. Se espera que el Instituto Gamaleya apruebe en los primeros días de agosto las 1.010.000 segundas dosis que ya fabricó Richmond. Y que la semana próxima llegue un cargamento con 500 litros de componente 2 y luego otro de 800 litros que servirían para elaborar en el país 1.700.000 dosis más.