La UE se prepara para lo peor

La UE se prepara para lo peor

Lo que en un principio se daba por impensable se transformó poco a poco en posible, y ahora, cada vez más entra en la categoría de probable. A menos de 50 días del Brexit, en Bruselas se aceleran los planes de contingencia por si se desemboca en el 29 de marzo sin acuerdo y ha empezado también la campaña para trasladar las culpas a la otra parte. En las instituciones europeas quieren asegurarse que si al final llega el desastre, porque así se considera un Brexit duro, un gran fiasco que tendrá repercusiones para todos, pues que en este caso los dedos acusadores apunten hacia Londres. Hay un gran temor que las opiniones públicas consideren que los negociadores europeos se hayan mostrado inflexibles, demasiado cerrados y por tanto, responsables de no haber conseguido una transición suave de un desenganche doloroso. Que las partes ya dediquen parte de sus esfuerzos a no ser culpabilizados en caso de fracaso, es un indicador más de cómo están aumentando las posibilidades de que se imponga el escenario que nadie desea.

Brexit

Un Brexit duro se considera un gran fiasco que tendrá repercusiones para todos

Es por ello que la UE tiene mucho interés en subrayar que ellos mantienen una posición coherente que se negoció con May, que la primera ministra aceptó, y que fue desacreditada a posteriori por los parlamentarios británicos. Y segunda parte del argumento, insisten en que ahora mismo, en el Reino Unido hay una mayoría parlamentaria en contra del acuerdo de retirada, pero que no existe ninguna mayoría a favor de ninguna propuesta concreta. Es el argumentario para intentar demostrar que los 27 están cumpliendo con su parte, y que quiénes no permiten el acuerdo son los británicos.

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Este lunes se reúnen en Bruselas el negociador europeo, Michel Barnier con el secretario de estado británico para el Brexit, Steve Barclay. Es la continuación de la visita del pasado miércoles de Theresa May a Bruselas, cuando mantuvo conversaciones con las máximas autoridades de las tres instituciones, Consejo, Comisión y Parlamento. Negociaciones que fueron calificadas oficialmente de “enérgicas pero constructivas”, en lo que pareció un eufemismo para indicar que no había ningún avance pero que no tiraban la toalla.

Este lunes se reúnen en Bruselas el negociador europeo, Michel Barnier con el secretario de estado británico para el Brexit, Steve Barclay

En el anuncio de la reunión de hoy, Barnier indica que “escucharé como el Reino Unido ve la vía a seguir”, aunque precisando que la UE no reabrirá el acuerdo de retirada y ofreciendo sólo margen para modificar la declaración política que marcará las relaciones futuras de la UE con el Reino Unido. Es la posición firme que ha mantenido la UE desde el voto que rechazó el acuerdo de retirada en Westminster.

El gran bloqueo llega por la solución a la frontera irlandesa. Dónde los británicos solicitan un límite temporal a la salvaguarda irlandesa, los europeos responden que ya hay un límite, pero basado en un hecho, en conseguir otra fórmula que haga posibles los controles sin establecer una frontera dura. Alegan que si establecen un final temporal a la salvaguarda, ésta pierde su esencia como garantía.

La unidad entre los 27 hasta el momento es férrea y, por otro lado, ha quedado claro que nadie sale indemne de abandonar la UE

Es por ello que en su entrevista de esta semana pasada con Theresa May, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, le planteó explorar el plan Corbyn. Si Tusk ya encendió los ánimos con su referencia a “un lugar especial en el infierno para los promotores del Brexit”, suponemos que tampoco sería del agrado de May cuando le sugirió adherirse al proyecto del jefe de la oposición. La gran virtud de la propuesta del líder del Labour es que su Unión Aduanera permanente permitiría resolver la cuestión irlandesa, pero su gran dificultad es que es algo que el partido conservador difícilmente puede aceptar.

En el transcurso de las negociaciones del Brexit, la UE ha conseguido algunos objetivos, especialmente eliminar dos grandes temores que surgieron a raíz del referéndum del 2016. La salida de uno de los grandes podía sembrar diferencias entre los 27 restantes, y más aún, algún otro país, incómodo en la UE, podía tener la tentación de seguir sus pasos. Los dos temores han quedado conjurados. La unidad entre los 27 hasta el momento es férrea y, por otro lado, ha quedado claro que nadie sale indemne de abandonar la UE, que la factura es elevada y las ventajas discutibles, con lo cual el peligro de otras deserciones ha desaparecido.