Irán recuerda a la Armada de EE.UU. que está a tiro

Irán recuerda a la Armada de EE.UU. que está a tiro

Los Guardianes de la Revolución le recordaron ayer a la Armada estadounidense que varias de sus naves están a tiro, incluso para sus misiles de corto alcance. El propio comandante del cuerpo de élite iraní, Qasem Soleimani, expresó hace unos días que lo que hace unos años podía ser “una amenaza” –léase, un portaaviones cerca del estrecho de Ormuz– “ahora es una oportunidad”.

En cualquier caso, prosigue el despliegue naval y aéreo estadounidense en el golfo Pérsico, complementario a su nutrida presencia militar permanente en varios países de la región. Y lo hace en paralelo a una guerra económica y mediática que ya es real, cuando se cumple un año de la retirada de EE.UU. del acuerdo nuclear con Irán y del retorno a las sanciones.

Irán llama desde Pekín a los europeos a salvar el acuerdo nuclear “con actos, no con declaraciones”

“Nadie pide amistad y negociación esgrimiendo un garrote”, dijo ayer el embajador de Irán ante la ONU, que no ha cedido a ninguna de las doce exigencias de Washington, directamente relacionadas con las preocupaciones de Tel Aviv y Riad.

El cerco económico a Irán sigue estrechándose, pero el aislamiento diplomático se está demostrando más complicado incluso que en la Venezuela de Maduro. Otro conato de cambio de régimen del belicista asesor de seguridad John Bolton.

La combinación de todas estas ofensivas –sin que medie una declaración de guerra– fue descrita ayer como “guerra psicológica” desde Teherán. Algo que redunda en la devaluación del rial –cuya cotización en el mercado negro es cuatro veces inferior a la oficial– y en una inflación que podría alcanzar el 40%. Sin embargo, el efecto secundario buscado, el del descontento popular, se hace esperar. De hecho, el regreso de los neocons en Washington ha logrado reforzar a los sectores más reaccionarios de la República Islámica, que habían perdido pie en favor del moderado Rohani, reelegido presidente hace dos años.

Irán, que a diferencia de Israel es signatario del tratado de no proliferación nuclear y que ha visto cómo varias repúblicas árabes eran pasadas por las armas en los últimos quince años –Irak, Siria, Libia, Yemen– se ha dotado mientras tanto de misiles capaces de alcanzar Tel-Aviv. Este es el verdadero pecado de Teherán, junto a su apoyo a Bashar el Asad, al Hizbulah, los hutíes de Yemen y otras milicias chiíes. Su presupuesto militar, por otro lado, es inferior al de países vecinos como Israel, Turquía y Arabia Saudí.

Pese a todo, la República Islámica no está aislada. Su ministro de Exteriores, Javad Zarif, se reunía ayer con su homólogo chino en Pekín, y el día anterior lo había hecho con el primer ministro japonés, Shinzo Abe. El objetivo es contrarrestar la última vuelta de tuerca de EE.UU. al eliminar la exención de sanciones a un puñado de países que todavía adquirían crudo iraní, entre ellos los dos citados, Turquía e India. Zarif agradece el apoyo “al multilateralismo” por parte de China, o incluso de las potencias europeas, aunque a estas últimas les exige “que pasen de las declaraciones a los hechos para salvar el acuerdo nuclear”.

Para burlar las sanciones estadounidenses al comercio con Irán, en Turquía o Emiratos se ha registrado un aumento espectacular de las importaciones de oro. La UE ha resistido hasta ahora el embate extraterritorial de EE.UU., alentado por un tridente en el que también están Arabia Saudí e Israel, pero pocas de sus empresas quieren jugarse el mercado estadounidense. La mejor esperanza para ellas son los rumores de que Trump, que prometió sacar a EE.UU. de guerras interminables, empieza a estar harto de los que, como Bolton, no solo se lo impiden sino que quieren empantanarlo en territorio desconocido.

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