Gobernador: Predique con el ejemplo, su “primo” no es prioridad

Estimado gobernador, Axel Kicillof. Le escribo a usted personalmente, para evitar caer en la lógica propia de las redes sociales, donde sus militantes, esos que cobran contratos abultados del estado y que acceden, mediante un cargo público, a su primera experiencia laboral, se ven tentados al exabrupto, el insulto y los malos modos.

Gobernador: Predique con el ejemplo, su “primo” no es prioridad

Le escribo la presente misiva pública para ayudarlo a despejar varias dudas.

En primer lugar, como amante apasionado de la genealogía y la heráldica, le confieso que escuché con atención y agrado su historia familiar. La vida de su bisabuelo, ese que llegó a comienzo de siglo XX a nuestro país, es similar a la de muchos de nuestros predecesores que arribaron a Argentina soñando con un futuro mejor para ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos. Claro que muchas cosas ocurrieron desde entonces: pasamos de tener el PBI más grande del mundo a ser un país digno de “no” imitar para Zambia.

Aunque le parezca disparatado, le cuento que su bisabuelo (el padre de Miguel León y sus seis hermanos) no llegaron a convertirse precisamente en los clásicos Pérez argentinos, sino muy por el contrario: apenas hay veinticuatro personas (obviamente me refiero a los mayores de edad) con apellido Kicillof desde Ushuaia hasta La Quiaca. La inmensa mayoría de ellos viven dentro o cerca de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Le digo más. Dos se llaman Agustina, tres fueron bautizados con el nombre Alberto y otros tantos con el nombre de Sergio. Aunque también hay una Alicia, otra Bárbara, tres Bernardo, una Clarisa y otro Daniel. Y la lista sigue: Mario, Mary, Nicolás, Norma, Sebastián, Gustavo, Leandro, Luis y, por supuesto, usted: Axel.

Digo esto porque decir que Leandro Kicillof -ese que se vacunó siendo periodista y con tan solo 26 años de edad- “puede llegar a ser” su primo y que no lo “conoce”, está muy cercano a una mentira.

Y ya que estamos, le cuento más.

Usted, como ex ministro de Economía de la Nación, sabe muy bien sobre las dificultades para ingresar al mercado laboral que existen en nuestro país. De hecho, justamente por eso Argentina precisa subsidiar a tantos compatriotas que han sido arrastrados a la pobreza permanente por gobiernos que no gobiernan y funcionarios que no funcionan.

En ese sentido, es interesante notar que Leandro, creo que no es errado llamarlo “su primo”, consiguió su primer empleo en blanco gracias a usted. Paradójico, pero cierto: fue en septiembre del 2020 que este muchacho ingresó a la planta de trabajadores del ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires de la mano de la diputada de La Cámpora, Florencia Saintout, hermana de Josefina, la directora del hospital San Roque.

Y le agrego algo más sobre su familia, que evidentemente parece usted ignorar. Casualmente, de esas 24 personas con apellido Kicillof, además de usted, hay otros tres que también accedieron a las vacunas. Dos de ellos son platenses: Sebastian, de 37 años, y Agustina, de apenas 23. Y además hay una porteña: Clarisa. Después de ver todos los insultos de los que hemos sido víctimas desde este medio de comunicación, vamos a ahorrarnos el análisis en torno a la prioridad o no de incluirlos dentro de la campaña de vacunación que lleva adelante su gobierno. Ojalá otros colegas decidan tomar esta posta, aunque debo adelantarle que el porcentaje de los argentinos apellidados Kicillof que accedieron a la vacuna es mayor al 20 por ciento.

Pero sigo.

Usted se queja de que no le “consultamos” a su gobierno sobre su primo. Al respecto le comento, por si lo ignora, que su espacio político se caracteriza por cerrarse en sí mismo (un modus operandi que suele generar consecuencias negativas y alejarlo de la realidad). Así que básicamente nosotros no tenemos diálogo ni con su secretaria de Comunicación, Jésica Rey, ni con su equipo, porque lisa y llanamente, en un acto por demás soberbio, no nos atienden los teléfonos.

Señor gobernador: usted no ignora que todavía, tanto en nuestra querida capital como en el resto de la provincia de Buenos Aires, hay profesionales que no accedieron a la vacuna (hasta la propia Delfina Rossi, hija del nepotismo, debió desdecirse al respecto). Y entiende que, según en plan estratégico del gobierno, dentro del esquema de vacunación, el primer eslabón es el personal de establecimientos de salud. Desde allí, la campaña debe darse de manera escalonada “según el riesgo de su actividad”.

Y a este punto quería llegar. Tanto su primo como muchos otros vacunados por su gobierno, no están en la primera línea de batalla ni tampoco integran el grupo etario considerado de riesgo.

Esta es la verdadera discusión.

En lugar de salvarle la vida a un médico, usted decidió darle la vacuna a un empleado veinteañero que, quizás, trabaja desde la casa, como sucede con la inmensa mayoría de la administración pública, y porcentualmente no corre riesgo de mortandad alguna.

Usted privilegió su vida, la de sus funcionarios, amigos y familiares por encima de la del resto de los bonaerenses. Le cuento, por solo citar un caso paradigmático, que el director de Prensa del ministerio de Salud bonaerense, el joven Cristian Scarpetta, fue vacunado para escribir gacetillas de prensa desde la comodidad de su oficina. ¿Entiende? Con la mano en el corazón: ¿No le parece grave?

Por cada persona que su gobierno eligió vacunar irregularmente, hay un médico de trinchera, esos que aplaudimos durante tantas noches de encierro, que fue bastardeado. Y usted sabe mucho de eso: en plena pandemia protagonizó una batalla increíble contra el gremio de los médicos solo para poder controlar la siempre corrupta caja del IOMA.

Yo entiendo la dificultad de distinguir entre lo bueno y lo malo cuando, ante cada paso en falso, tiene un obsecuente que le soba el lomo. Pero le ruego que recapacite. Cada decisión que usted toma, para bien o para mal, trae consecuencias. Y en este caso puntual, peligro de muerte.

Militar la vacuna y repartirla como si fuera un plan social está lejos de ser un juego de la política. Como platense puedo asegurarle que no queremos ver las pecheras de La Cámpora en una tragedia: es una lección que aprendimos durante las inundaciones del 2 de abril de 2013.

Gobernador, traiga orden y vacunas. Aleje la politiquería, castigue las irregularidades. No se cierre, escuche, lea. Concilie, procure la unidad de nuestra gente. Predique con el ejemplo. Y sepa que, si apuesta a dividirnos, como hace en cada conferencia de prensa, no dude que estaremos siempre, pero siempre, en el bando contrario.

 

(*) Santiago Sautel es director del GRUPO REALPOLITIK.