Gallardo y Guillermo: el ajedrez de los técnicos que piensan y esconden

En River siguen dudando por el esquema. En Boca, la “dificultad” es la superabundancia del medio hacia arriba.

Gallardo y Guillermo: el ajedrez de los técnicos que piensan y esconden

Ya está todo dicho sobre el papelón que es para el fútbol argentino que esta final de la Copa Libertadores termine jugándose en Madrid. Porque aquí no pudo ser. Y porque la Conmebol -a través de Alejandro Domínguez, su presidente- se apropió rápidamente de la organización para hacer su gran negocio. No hubo reacciones mancomunadas ni coherentes para impedirlo. Contó más la enemistad de los que pregonan que “somos rivales y no enemigos” que la idea de defender un espectáculo único e irrepetible en nuestra propia tierra. Pero ya está. Van a jugar. Y toca, entonces, hacer ciertas interpretaciones futboleras y marcar algunas perspectivas. Teniendo en cuenta, claro, que el fútbol siempre ofrece sorpresas detrás de la imprevisibilidad esencial de su juego.

Los antecedentes (si valieran) dicen que River tiene mejor juego que Boca, a pesar de que no pudo demostrar esa supuesta jerarquía en su eliminación de la Copa Argentina ante Gimnasia La Plata, al fin el subcampeón. Pero con una línea de volantes donde conviven el Pity Martínez, el chico Palacios y acaso Nacho Fernández o el colombiano Quintero promete mejor tratamiento futbolero que lo que pueden exponer Nández, Barrios y Pablo Pérez, por ejemplo. Pero este trinomio surgió de la idea de los mellizos Barros Schelotto cuando decidieron buscar mayor “combate” en esta zona. Porque en Boca se parte de una premisa que parece cierta pero que no tiene respaldo teórico seguro: “siempre hace un gol”, aun con rendimientos muy pobres. Como ocurrió en el último partido contra Independiente, por ejemplo. Entró el colombiano Cardona (postergado en los últimos tiempos) y marcó el tanto de la victoria. Simplemente. O los hacen Wanchope o Benedetto como en los partidos con Palmeiras y en la ida contra River, en la Bombonera.

Los técnicos, Marcelo Gallardo y los Schelotto, mantendrán el secreto de sus formaciones hasta último momento. Forma parte de la función teatral de los preparativos. Pero más allá de algún globo de ensayo (el DT de River dejó correr el rumor de que podría utilizar al chico Julián Alvarez, 18 años, cuatro partidos cortados en Primera, en algún momento del encuentro), no tiene mucho para elegir en función de ataque con Borré suspendido y Scocco todavía lesionado. Ya había intentado en la Boca con una línea de cinco defensores para darles libertad a los laterales Montiel y Casco hacia la ofensiva con el ingreso de Martínez Quarta. Claro, allí tenía a Pratto-Borré arriba. Ahora quedaría sólo Pratto como punta. Y la elección estaría entre Martínez Quarta o sumar un volante más.

Esa escasez de nombres en River (tiene mejor juego, está dicho) contrasta con la “abundancia” de Boca. A veces, tan nociva cuando obliga a elegir entre jugadores de posibilidades disímiles. Si es casi segura la inclusión de Buffarini por Jara (recuperado de su lesión), en el resto no quedan muchas dudas. Ni en la línea de fondo ni en el medio. Si Pavón -ya curado de su desgarro- reaparece y Abila está en condiciones, el último lugar en el equipo puede tener ¡seis! candidatos. Villa (extremo, obligado al reiterado retroceso, que terminó por desdibujarlo, Benedetto (ya probado como doble-nueve con Wanchope), Tevez (con su obsesión por la Copa como estandarte), Zárate, la sorpresiva incorporación “salvadora” todavía no cumplida, el joven Almendra (volante de ida y vuelta), que iba a jugar en el Monumental, y Cardona, el de mejor capacidad técnica y pegada.

Cada uno propone variantes distintas. Y el DT debe elegir. Como tendrá que elegir Gallardo. Después rodará la pelota. Y el juego suele dar sorpresas. Esta vez en el Bernabéu, lamentablemente para el fútbol argentino