Elisa Carrió no rompe con Mauricio Macri, pero piensa en jubilarse y la cuerda está muy tensa

El Presidente está enojado y la diputada podría dejar su banca antes de 2021. Los diálogos con Vidal y Larreta. La seguridad y los ecos del G-20.

Elisa Carrió no rompe con Mauricio Macri, pero piensa en jubilarse y la cuerda está muy tensa

La última frase que pronunció frente a sus asesores antes de decir que se iba a ir al campo a descansar y que no pensaba volver a hablar con nadie hasta el lunes fue:

-Ya no tengo cabida para luchar contra la corrupción y los derechos humanos en este Gobierno. Pero no me voy a ir de Cambiemos. Voy a seguir acompañando por los que siempre me creyeron y estuvieron conmigo.

En el CCK. Mauricio Macri saluda con diplomacia a Elisa Carrió, la última vez que se vieron.

En el CCK. Mauricio Macri saluda con diplomacia a Elisa Carrió, la última vez que se vieron.

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Elisa Carrió deja atrás otra semana de exasperación, dudas y desencanto con la Casa Rosada. Acaban de cumplirse dos meses de la última vez que habló por teléfono con Mauricio Macri, que no fue en los mejores términos, aunque, a la luz de cómo está hoy la relación, podría decirse que extraña aquellos días en los que todavía era posible el diálogo. Hasta que la línea se interrumpió por completo charlaban, en promedio, una vez por semana. La novedad de estos malos tiempos es que, a diferencia de lo que sucedió en los tres años de administración de Cambiemos, ahora es el Presidente el que no parece dispuesto a recomponer. “No es que no le vaya a hablar nunca más, pero está enojado en serio con lo que hizo esta semana”, revela un colaborador muy cercano al jefe de Estado.

Siente que la diputada le clavó una nueva estocada apenas 48 horas después de que el mundo le reconociera el éxito de la Cumbre del G-20. El martes el oficialismo aún tenía en sus planes estirar la celebración. Pasado el mediodía, Macri había asistido al Museo de la Casa Rosada para saludar a funcionarios y trabajadores que participaron de la organización del encuentro multilateral. Su semblante era tan bueno que se permitió subir al escenario junto a Juliana Awada para improvisar un discurso y hablar de la inyección anímica que había significado la reunión con los presidentes. Se vivía un clima de fiesta que -aunque más no fuera por un tiempo fugaz- parecía cortar con la monotonía de noticias económicas adversas de los últimos meses.

Elisa Carrió ya piensa en la jubilación.

Elisa Carrió ya piensa en la jubilación.

Algo de eso, entienden en el Gabinete, se trasladó al humor social. Al salir del acto, en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Paseo Colón Jorge Faurie y Hernán Lombardi se quedaron contando anécdotas de la cumbre en un tono casi eufórico y a la vista de ocasionales porteños que iban y venían de bancos y oficinas. Hasta hubo referencias a la broma que Macri le hizo a Putin sobre la estatura de Faurie, que -coincidieron- al mandatario ruso mucho no le debe haber gustado porque no es mucho más alto que el canciller. Al margen de las anécdotas, Faurie debe haber descubierto por primera vez el impacto de la TV: un par de personas que pasaban por el lugar se acercaron para saludarlo y felicitarlo. “Ahora por la calle nos gritan ¡maestros!”, se divertía Lombardi, que pedía “no creérsela” y aprovechaba para citar a Horacio. El poeta romano integró el Círculo de Mecenas. Fue quien introdujo la expresión aurea mediocritas: el “dorado término medio” o “moderación”, que alude a tomar distancia de los extremos.

María Eugenia Vidal con Cristian Ritondo, ministro de Seguridad. La Provincia no adhiere al protocolo de Seguridad de Nación.

María Eugenia Vidal con Cristian Ritondo, ministro de Seguridad. La Provincia no adhiere al protocolo de Seguridad de Nación.

Pero a las pocas horas era la aliada más temida del macrismo la que evitaba definiciones a media agua y cambiaba por completo la agenda mediática. “Esta reglamentación firmada por la ministra Bullrich viola los derechos humanos fundamentales. Nosotros no vamos a ir al fascismo”, decía a Clarín. Las declaraciones, que más tarde la diputada reprodujo en su cuenta de Twitter, se viralizaron. Eran una réplica a la iniciativa del Ministerio de Seguridad de aplicar un nuevo reglamento para que la Policía pueda disparar sin dar la voz de alto.

El Gobierno quedó atrapado en una telaraña impensada: pasó de querer capitalizar el éxito de la seguridad de la cumbre de presidentes a tener que explicar que el reglamento no podía ser leído como una carta blanca para que los efectivos de seguridad puedan actuar libremente frente a asaltantes y violentos. Carrió habló por teléfono con Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. Con la gobernadora el diálogo fue fructífero porque Cristian Ritondo no tardó en enviar señales de que la Bonaerense no está preparada para esa nueva modalidad. En cambio, el jefe de Gobierno no quiere más divergencias con Macri en ese punto. El fracaso del operativo del River-Boca, dicen, lo obligó a adoptar medidas más firmes.

Horacio Rodríguez Larreta se puso más firme con la seguridad en las calles. Foto: Luciano Thieberger.

Horacio Rodríguez Larreta se puso más firme con la seguridad en las calles. Foto: Luciano Thieberger.

La líder de la Coalición Cívica recibió reproches de incondicionales y el respaldo de sus detractores. Los tuiteros se deleitaron: Aníbal Fernández le hizo RT a Carrió. La legisladora mandó a pedir un monitoreo de las redes. “Hay muchos que la criticaron en forma espontánea. A otros los mandaron”, confiaron en su entorno. Carrió está acostumbrada al tobogán de la popularidad. No le inquieta demasiado y tomó algunas decisiones.

La primera, personal. Habló con Alicia Terada y le pidió que en los próximos días, posiblemente el miércoles, presente los papeles para iniciar el trámite jubilatorio. No descarta jubilarse antes de terminar su mandato, que vence en 2021. Caso contrario, llegado el momento, tendrá que optar si cobra la dieta como legisladora o el salario de jubilada. Terada verificó 42 años de aportes, acumulados como profesora universitaria, abogada y diputada. La segunda decisión de Carrió abarcará a varios de sus pares. Pretende armar una ONG internacional para luchar contra la corrupción y el crimen organizado por fuera del sistema político tradicional, donde cree que no hay espacio para hacerlo. Se sienta cansada.

Al Presidente le ocurre todo lo contrario. El paso de los 20 presidentes por Buenos Aires le renovó el optimismo. Insiste con ubicar el factor confianza por encima de todo. A modo de ejemplo, cita frente a sus interlocutores: es importante venderle cerezas a China (se supone que podrían crearse 100 mil puestos de trabajo en los próximos diez años) o la construcción de un ferrocarril a Vaca Muerta o que Donald Trump auspicie el financiamiento de la Opic (Overseas Private Investment Corporation) para una de las autopistas en Neuquén. “Pero más importante es que el mundo nos crea”, reflexiona en la intimidad. “Las cosas pueden salir”, vendría a ser su lema post Cumbre del G-20. A veces piensa que los argentinos han perdido la fe y que él y su administración deben trabajar para recuperarla.

En el Gobierno vuelve a imponerse la idea de que el macrismo está prácticamente solo en el escenario. “La oposición no está a la altura de lo que está ocurriendo en el mundo. Miran todo con ojos muy chiquitos”, cuenta un funcionario que pasó muchas horas con el Presidente en las últimas dos semanas. Macri convocó especialmente a un grupo de figuras de la oposición para la Cumbre.

Tuvo, en privado, algunas palabras elogiosas para Daniel Scioli, algo que nunca se permitiría con Cristina Kirchner o Sergio Massa. También fue gentil con Miguel Ángel Pichetto, que días después apoyó su nueva iniciativa con las fuerzas de seguridad. En el oficialismo también destacan a varios gobernadores opositores. Juan Manzur, uno de los pocos asistentes al G-20, integra ese lote. “No es el más cercano, pero tal vez es el más vivo”, lo definen. Otros ponderados son el entrerriano Gustavo Bordet, el neuquino Omar Gutiérrez y el salteño Juan Manuel Urtubey. Macri no teje con todos. Teje con los que puede.