El día que cambiaron los colores en Bolivia

Cómo se vivió en las calles de Bolivia la renuncia del presidente, que estuvo más de trece años en el poder.

El día que cambiaron los colores en Bolivia

Las multicolores wiphalas indígenas y banderas azules del oficialismo desaparecieron este domingo de las calles de La Paz, ante una abrumadora irrupción de banderas tricolores -rojo, amarillo y verde- símbolo histórico nacional portado por millares de manifestantes en festejo urbano de la caída de Evo Morales, el presidente indígena que falló en su intento de agregar un quinquenio a su récord de casi 14 años en el poder.

Una intensa lluvia vespertina, tras varias horas de sol radiante, no aplacaron los ánimos festivos de los celebrantes, la mayoría universitarios, que ocuparon las todavía bloqueadas calles y plazas del centro de la capital boliviana, hasta hace pocos días tomadas por sindicatos, asociaciones vecinales y organizaciones campesinas e indígenas que apoyaban a Morales.

En realidad, los llamados movimientos sociales habían comenzado su retirada dos días antes, cuando el crecimiento de las protestas antigubernamentales parecía incontenible, sin responder a los posteriores llamados del presidente indígena a volver a La Paz en defensa del "proceso de cambio".

"Esto queríamos, no más Evo, no solo porque ya estamos cansados sino porque ha intentado burlarse de la voluntad popular para prolongar ilegalmente su mandato", dijo agitando su bandera Marina Guzmán, estudiante de ingeniera de sistemas de una universidad local. "Pudo irse por la puerta grande como abanderado de los indígenas, pero prefirió que los jóvenes y las clases medias lo echemos del poder", sentenció, expresando un sentimiento generalizado entre los vecinos de barrios de clases media y alta que sostuvieron el bloqueo callejero de casi tres semanas en la mayor parte de las ciudades del país, que comenzó como un movimiento disperso y termino liderado por comités cívicos que levantaron las banderas de renuncia de Morales y nuevas elecciones.

Opositores a Evo Morales celebran con emoción la renuncia del mandatario. Foto: Reuters

Opositores a Evo Morales celebran con emoción la renuncia del mandatario. Foto: Reuters

La universitaria dijo que junto a una decena de otros jóvenes fue parte del grupo de manifestantes que pasó la noche anterior en los puntos de bloqueo callejero que se trasladaron desde los barrios hasta el centro paceño.

El desmoronamiento del hasta hace poco poderoso Gobierno de Morales comenzó a precipitarse en la madrugada del domingo, cuando los manifestantes y la ciudadanía en general fueron alertados a través de las redes sociales de la publicación de una muy esperada auditoría de la Organización de Estados Americanos (OEA), que desnudó un fraude en las elecciones del 20 de octubre, negado por el Gobierno.

Para entonces, los bloqueos y manifestaciones en La Paz, a tono con las protestas en el resto del país, habían ganado tanto espacio en la opinión pública como en las calles, hasta tomar la Plaza Murillo -donde está el Palacio de Gobierno, aledaño a la Casa Grande del Pueblo, sede de Morales- desguarnecida tras el amotinamiento.

Opositores a Evo Morales celebran con emoción la renuncia del mandatario. Foto: Reuters

Opositores a Evo Morales celebran con emoción la renuncia del mandatario. Foto: Reuters

Los manifestantes, que no tardaron mucho en pasar de la protesta al festejo, no dejaban de vigilar sus bloqueos y rompían en gritos de celebración mientras se multiplicaban los reportes de renuncias de ministros, gobernadores departamentales y parlamentarios oficialistas, en algunos casos presionados por manifestantes opositores que quemaron sus casas y acosaron a sus familias.

Tampoco fue un domingo normal en El Alto, la ciudad aledaña a La Paz que era una de las plazas fuertes de Morales, cuya famosa feria comercial callejera, consideraba una de las más grandes de su tipo en el mundo, apenas comenzó a funcionar cuando sus millares de vendedores decidieron cerrar sus puestos y recoger su variopinta mercadería, que va desde botones hasta automóviles, pasando por un surtido inagotable de ropa nueva y usada.

A diferencia del festejo en el centro paceño, las calles de El Alto lucían vacías y silenciosas tras ser escenario, en la noche anterior, del único intento de contraofensiva oficialista con marchas y bloqueos de calles que terminaron en desmanes y ataques a edificios públicos y a las plantas de transmisión de dos televisoras privadas.

"¡Ay diosito, ahora quién vendrá a gobernar!", dijo a este corresponsal una vendedora de banderas que presenciaba el festejo juvenil en la Plaza San Francisco de La Paz. "No debía acabar así este Gobierno, porque algo nos ha dado a los pobres, pero la violencia y las protestas ya eran demasiado", lamentó, mientras ocultaba las banderas azules del Movimiento al Socialismo y exhibía solo la tricolor nacional.

Los mundos distintos de la universitaria y la vendedora completaban el cuadro de la Bolivia después de Evo.

Bolivia. Carlos Quiroga, especial Para Clarín