El Estado Islámico vuelve a la casilla de salida

El Estado Islámico vuelve a la casilla de salida

La victoria territorial sobre el Estado Islámico en Siria, con la liquidación de su enclave de Baguz, es poco más que una referencia temporal que sirve para cerrar un ciclo desde la proclamación del califato en mayo-junio del 2014. Baguz es para los yihadistas sin duda un símbolo de resistencia, que no ha sido numantina, pues miles de ellos se han rendido con sus familias, mientras que otros optaron por quedarse hasta el final. Pero, ante la nueva fase que se abre para la organización, una actitud no es incompatible con la otra.

El Estado Islámico, con la pérdida de la última localidad que controlaba en Siria, vuelve a la casilla de salida, es decir, regresa a la fase de insurgencia, de guerrilla o de terrorismo. El proceso no comienza ahora, sin embargo. En Irak se declaró la victoria territorial en noviembre del 2017 con la conquista de Raua –que se encuentra, como Baguz, sobre el río Éufrates, siguiendo su curso desde allí–, y los ataques del EI, especialmente contra las milicias chiíes de Movilización Popular, no han cesado. Probablemente no hay ninguna cifra fiable entre las que se han aventurado sobre cuántos elementos del EI quedan dispersos en zonas agrestes y deshabitadas entre Irak y Siria, o en la región iraquí de Kirkuk. Tampoco está claro cuál es su capacidad económica, que un día fue más que considerable.

El general Joseph Votel, jefe del Mando Central de EE.UU., tenía claro el 7 de marzo, refiriéndose a la evacuación de Baguz, que “lo que estamos viendo no es la capitulación del EI como organización sino una decisión calculada de preservar la seguridad de sus familias y sus capacidades aprovechando los campos de desplazados y buscar refugio en zonas remotas para esperar el momento oportuno y resurgir”. La población del EI que estaba siendo “evacuada de los restos del califato permanece irredenta y radicalizada”, decía. “Veremos ataques de baja intensidad, veremos asesinatos, veremos ataques con bombas caseras, veremos emboscadas…”.

Vale la pena seguir la línea argumental del general, porque ilustra el que parece que va a ser el comportamiento del EI, esté quien esté realmente al mando, sea Abu Bakr al Bagdadi o individuos de su entorno.

Al Nadhir al Uryan, un canal extremista

La organización terrorista parece seguir los pasos de
Al Qaeda y evitará los ataques en zonas civiles

en Telegram, difundía días atrás una crítica durísima a los llamados disidentes (o reformistas), que ha sido comentada por el controvertido analista británico Aymen al Tamimi. Estos disidentes serían los que han abandonado los últimos reductos del EI desde diciembre pasado. Les acusa de haber huido a la provincia de Idlib –aún en guerra– e incluso a Turquía. Pero lo interesante es que en esa denuncia se revela un debate entre disidentes y extremistas que acabó en mortíferos ajustes de cuentas. Esta división se habría ido materializando desde el 2017, cuando el EI ha acumulado ya muchas derrotas.

“Desde el principio ha habido en el EI más de un movimiento y un debate político muy serio”, según fuentes conocedoras del pensamiento yihadista. “Hay un grupo, que puede ser militar, que tiene ahora más influencia”. Esta línea, que se puede identificar con los disidentes, es la que habría optado por la retirada, obligada por la fuerza de las circunstancias, pero con una motivación puramente estratégica. Simplemente, “están a la defensiva y necesitan una estrategia diferente, que tiene su fundamento en los conceptos islámicos de yihad: existe la yihad ofensiva y la defensiva”.

El destacado analista sirio Hasan Hasan señala que el EI seguirá la línea general en la que ha evolucionado Al Qaeda: no a los ataques suicidas en lo posible “y nunca en zonas civiles”. Si Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) marcó una diferencia al imbricarse en la población hasta el punto de apoderarse de la provincia de Hadramaut en Yemen –-la más rica del país–, la rama siria, el Frente Al Nusra, ha actuado igual.

EI abandonaría el takfirismo, la acusación de herejía a todo el que no comulgue con sus ideas sectarias

La particularidad más interesante de esta evolución es que el EI abandonaría el takfirismo, la acusación de herejía –o excomunión, dicho en términos católicos– a todo el que no comulgue con sus ideas sectarias, lo que justifica su exterminio. Lo mismo hizo Al Qaeda. “Es razonable –dicen las fuentes consultadas-, y no se refiere sólo a los chiíes o, digamos, en general los infieles. Se trata de abrir las puertas a todo al mismo tiempo, de redirigir la política; es una cuestión estratégica. El enemigo de ayer puede ser el amigo de hoy, y siempre puedes encontrar una excusa. Al fin y al cabo, estamos hablando de personas, y las mentalidades cambian”.

La experiencia, traumática para todo el mundo, del Estado Islámico acabaría pues dibujando un futuro yihadista más local, más en busca de sintonía con una población civil sobre la que se han cometido abusos y crímenes, y con menos ambición global. Otra cosa es qué pueda ocurrir con el llamado califato digital y sus activistas espontáneos que actúan en su nombre en Occidente. Pero en lo que respecta ahora mismo a Siria, la respuesta puede estar en los campos de desplazados y las cárceles del Kurdistán sirio.

¿Es posible acabar con el terrorismo?
  • No
Total votos: 0