Apelo al estratega del Presidente Guaidó

Lo que hace realmente titánica y confusa la lucha existencial de la nación venezolana es un poderoso y resbaladizo enemigo invisible que se mueve como una serpiente etérea

Escritor Invitado

Apelo al estratega del Presidente Guaidó
Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela. (Foto: Twitter Juan Guaidó)

Por Luis Emilio Bruni

Todo el que comience a leer este articulo probablemente sabe muy bien quien es el estratega nombrado hace pocos meses como asesor ad honorem del Presidente Guaidó. Muchos coincidimos en su muy bien ganada reputación de operador sofisticado y articulado a la hora de proyectar e implementar estrategias. No escondo mis intenciones al utilizar este recurso retórico para llamar su atención. Pero es que lo que ha sucedido al cierre del 2019 es casi un colapso estratégico del presidente interino de Venezuela. Por eso, en términos pragmáticos, el interlocutor imaginario más pertinente para analizar tal colapso es el recién nombrado estratega, en quien millones de venezolanos confían sabrá inyectar sentido común y lógica a lo que hasta el momento ha sido un enredo de disonancias e incongruencias estratégicas.

Es también evidente que estas dos “estrategias” no se comunican entre sí. No se oye a los promotores de elecciones presidenciales, o de diálogos nórdico-caribeños mencionar en sus discursos el restablecimiento de la soberanía nacional o la expulsión de los agentes extranjeros. Algunos prominentes dirigentes se desgastan apasionadamente en frecuentes alocuciones parlamentarias para explicar a los diputados del régimen lo que ellos mismos saben son obviedades (que si porque son inconstitucionales sus actuaciones, que si porque el pueblo no los quiere, que si como articular un comité de postulaciones del CNE). Al mismo tiempo estos discursos pretendidamente sofisticados, lamentablemente terminan igualándose al envilecimiento de la política promovida por el régimen, combinando insultos vernáculos con amigable condescendencia, dirigiéndose reiteradamente a quienes cínica y sistemáticamente niegan lo obvio y están en grado de recibir los insultos hasta con perverso placer.

En mi opinión, este fútil ejercicio puede solo tener alguno de los siguientes objetivos pragmáticos: 1) satisfacer las ansias de catarsis de la platea popular, 2) convencer al régimen, sus diputados y a la nebulosa, de que existe un sector de la oposición que si está genuinamente comprometido a liderar una transición que considere una cohabitación con la red de depredadores, 3) evitar focalizar la acción de la Asamblea Nacional en donde debe estar: el cese de la usurpación, la recuperación de la soberanía, el restablecimiento del estado de derecho y la necesaria cooperación internacional para lograrlo. Estos discursos tienden a banalizar la cooperación y los instrumentos jurídicos y diplomáticos internacionales invocando el espantapájaros de la guerra civil, la invasión extranjera o el golpe de estado militar. Con esta falacia del “muñeco de paja” se invierten las causas con los efectos, y se postula que la vía para el cese de la usurpación y la transición son, de hecho, unas elecciones presidenciales.

El síndrome del Rey Salomón

El denominado G4 de la oposición venezolana sobrevive en medio de una paradoja interna. Por motivos difíciles de comprender a primera vista, después de cada gesta de rebelión y/o de consenso nacional (2014, 2016, 2017, 2019), los líderes de esta alianza se unen para inexplicablemente frenar la gesta en curso. La paradoja reside en el hecho de que esa tenue unión se erosiona de nuevo cuando comienzan las pugnas internas y las posiciones adelantadas por las codiciadas candidaturas unitarias o por los cargos internacionales. Vista la improbabilidad pragmática de que por esta vía se produzca la alternancia en el manejo del poder ejecutivo (para no hablar de la soberanía y del Estado de Derecho), este tipo de liderazgo termina actuando como una de las dos mujeres en el famoso juicio salomónico. Se comporta como la mujer que prefiere ver al niño partido en dos antes de que se lo cedan a otra. Si se llegan a evidenciar sus conflictos de intereses, son incapaces de hacerse a un lado, como haría cualquier político genuinamente demócrata.

Cuando se quiere resolver un crimen, aparte del cuerpo del occiso y el arma del delito se necesita entender el leitmotiv, en este caso las motivaciones detrás de los objetivos estratégicos. Analicemos entonces las siguientes puertas lógicas.

El reto del Presidente y sus estrategas

No es solo el Presidente Guaidó el que debe desprenderse de su disciplina partidista tal como lo ha anunciado oportunamente. Es cada uno de los valientes diputados comprometidos con la liberación de Venezuela que debería hacerlo. Lo que urge existencialmente es una verdadera diplomacia de Estado coherente y profesional. No una bochornosa repartición partidista de cargos y polímeros. Venezuela está en el ojo del huracán de un conflicto global de impredecibles consecuencias. La nación esta desguarnecida y secuestrada por un Estado proxy.

A este punto, con el convulsionado comienzo del 2020, y valientemente ratificado el Presidente Guaidó en su cargo, mis preguntas y comentarios a nuestro interlocutor imaginario serían los siguientes:

Cualquier nuevo diálogo o tratativa que vuelva a surgir con fines electorales (presidenciales o parlamentarios) –pasándole por encima al rescate de la soberanía y al restablecimiento del estado de derecho –no pueden seguir siendo considerados como errores estratégicos. Quienes de nuevo nos quieran convencer de que esta es la vía, van a tener que explicar con lujos de detalles cuál es, según ellos, la secuencia causal con la cual supuestamente este camino nos llevará al rescate de la soberanía y al restablecimiento del estado de derecho, de manera que la nación venezolana pueda defenderse, no solo del régimen y de los invasores, sino también de la nebulosa.


Luis Emilio Bruni es profesor de la Universidad de Aalborg (Dinamarca). Ingeniero ambiental egresado de la Penn State University, con maestría en relaciones internacionales de la Universidad Central de Venezuela y PhD. en semiótica y teoría de la ciencia de la Universidad de Copenhague. Entre 2011 y 2017 fue elegido presidente de la Asociación Nórdica de Estudios Semióticos por tres periodos consecutivos y actualmente dirige un laboratorio de semiótica cognitiva en la Universidad de Aalborg.