Alberto Fernández, el matarife de la palabra

Los principales conceptos de Laura Di Marco en La trama del poder, por LN+

Laura Di Marco

Alberto Fernández, el matarife de la palabra

Esta semana Alberto Fernández, un matarife verbal según Jaime Bayly (es decir, una especie de carnicero de la palabra), provocó en apenas 30 segundos y con una sola frase un escándalo internacional y un conflicto con dos países: Brasil y México.

La frase “los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva, pero nosotros, los argentinos, llegamos en los barcos de Europa”, que ahora sabemos que es de una canción de su amigo Litto Nebbia y no del Premio Nobel Octavio Paz, como había dicho en un principio, no solo es obviamente discriminatoria para Brasil y México (tiene un toque racista, imaginate si la hubiera dicho Macri) sino que muestra esa falsa superioridad argenta que solo necesitan resaltar los países –o los presidentes- con baja autoestima.

Dime de lo que te jactas y te diré de qué careces.

El disparate generó una catarata de memes en las redes, uno más desopilante que el otro y fijate que lo dijo un presidente que se autopercibe de izquierda, imaginate si se autopercibiera de derecha lo que diría.

Jair Bolsonaro no fue el único que lo criticó: la comunidad mapuche dijo que Fernández predica un “racismo nac&pop”.

El matarife de la palabra viene atesorando frases memorables en los últimos días. Prestemos atención a esta:

“No tiene sentido tener tierras improductivas cuando alguien está necesitando un terreno y tampoco tiene sentido guardarlo para que un hijo lo herede”. ¿Lo dirá por los hijos de Cristina Kirchner y por los de Lázaro Báez?

“El problema de los derechos humanos en Venezuela fue desapareciendo”, dijo de un dictador como Nicolás Maduro, investigado por matar a opositores y encarcelar a disidentes.

Pero tal vez el hitazo de esta serie de disparates fue: “El sistema sanitario se relajó”, en medio una pandemia donde no solo murieron decenas de médicos sino donde el propio personal de salud fue la variable de ajuste en medio del derrumbe económico.

Editorial Laura Di Marco

La novela con Pfizer todavía no se cerró después de que el CEO de la empresa farmacéutica, Nicolás Vaquer, confirmara en el Congreso que el gobierno argentino rechazó 14 millones de vacunas.

¿Las rechazó porque quería beneficiar a socios locales o a empresarios amigos?

Alberto también había prometido 22 millones de dosis de AztraZeneca para el primer semestre, pero la realidad es que recién ahora están llegando algunos lotes.

Más aún, el exministro de Salud Ginés González García el del vacunagate, había prometido una lluvia vacunatoria de 62 millones de dosis para los primeros seis meses.

A mediados de año, según Alberto y Ginés, íbamos a tener a 30 millones de argentinos vacunados. Pero la realidad es que solo tenemos a 3 millones. Un pequeño error de cálculo. En el medio murieron miles de compatriotas.

Eso sumado al robo de dosis por parte de los amigos del poder que también, por omisión, significaron más muertes de argentinos.

¿No le cabría a Alberto Fernández un juicio político, un mecanismo previsto en la constitución, por mal desempeño ante la desastrosa campaña de vacunación que se cobró la vida de miles de argentinos?

En un tuit de Silvia Lospenato dijo: “No podremos acceder a la única vacuna autorizada para menores de 18 años! Me pregunto: ¿qué significará cuidar la vida para el oficialismo? Parece que el criterio de privilegiar a los niños no lo aplican ni a la educación presencial ni a las vacunas”.

El Presidente que no puede echar a un subsecretario pretende superpoderes para manejar la pandemia, pero aparentemente esta tampoco se le va a dar (no tiene los números en diputados) así que volveremos a los DNU y las nuevas restricciones.

Parece que los que hace un año le iban ganando al virus hoy nos informarán un nuevo DNU.